El primer juicio en Liberia por crímenes de guerra deja un regusto agridulce para la justicia universal

El juicio a Gibril Massaquoi, que se desarrolló en marzo en Liberia bajo jurisdicción de un tribunal finlandés, ha dejado un regusto agridulce entre quienes abogan por un proceso que depure las responsabilidades criminales de la guerra civil que desangró al país hace veinte años. 

El proceso contra Massoquoi, un excomandante del Frente Unido Revolucionario de Sierra Leona, parecía ideal para despertar el interés: Massaquoi, de 52 años, fue un alto militar rebelde en Sierra Leona, colaboró con el tribunal internacional que juzgó crímenes de guerra en ese país, se refugió en Finlandia y allí fue detenido en 2020 y acusado de crímenes de lesa humanidad cometidos en Liberia. 

El tribunal finés, que invoca su jurisdicción universal, se trasladó a Monrovia para facilitar el desarrollo del juicio. Sin embargo, al hacerlo tanto las autoridades liberianas como el tribunal optaron por poner el caso bajo sordina, según explican periodistas que están siguiendo el proceso. 

Un juicio casi secreto

En un artículo publicado en JusticeInfo, el periodista Thierry Cruvellier, enviado especial a Monrovia, explica que las expectativas de una parte de la sociedad civil, incluyendo las de quienes solicitan la creación de un tribunal nacional que juzgue crímenes de la guerra civil liberiana (1989-1996 y 1999-2003), se han visto frustradas. 

Este es el primer juicio que se celebra en Liberia sobre los crímenes de hace veinte años. Sin embargo, en un reportaje titulado Massoquoi: Please, hide this trial from liberians, Cruvellier cuenta que ni siquiera algunos políticos y activistas muy significados sabían que se celebraría parcialmente en Monrovia. En este contexto, se desvanece la posibilidad de que este juicio cree un nuevo marco político y jurídico a favor de la persecución doméstica de estos crímenes.

En la decisión de las autoridades de celebrar discretamente el juicio influye el temor a las reacciones sociales y políticas. El gobierno liberiano aceptó la propuesta finlandesa de desarrollar parte del proceso en los lugares de comisión de los delitos, pero lo hizo pidiendo que se minimizaran los riesgos para la estabilidad del país. Eso pasaba por ser discretos y no molestar a los antiguos señores de la guerra, que aún acaparan un importante poder. Y ello, a pesar de que Massaquoi es un nacional de Sierra Leona no especialmente conocido en Liberia. 

El fiscal general liberiano ha minimizado la importancia del proceso, y ha vinculado el desplazamiento del tribunal a Liberia a la pandemia, que habría impedido llevar testigos y víctimas al país nórdico. “No es un tribunal para juzgar crímenes de guerra, ni una declaración formal. Simplemente han venido a Liberia a escuchar testigos, pero el proceso es finlandés, no liberiano”. Según declaró a JusticeInfo, el gobierno no tiene como prioridad la constitución de un tribunal que juzgue los crímenes de guerra.

El modelo finlandés, más práctico que didáctico

El tribunal finlandés se entrevistó con 55 testigos durante seis semanas, pero lo hizo de forma discreta, en un hotel y con apenas cinco periodistas u observadores que no podían revelar su localización. Los testimonios ni siquiera se tradujeron al inglés. El 28 de abril se retomó el juicio, pero ya en Freetown (Sierra Leona), donde no existe la tensión política de Liberia, los señores de la guerra perdieron su poder y se espera mayor interés público.